DOC – Limpiar la pelota

1 Publicado por - 01/05/2013 - Documentos

limpiemos1La violencia en el fútbol ya no es noticia. Los eventos se repiten semana tras semana en la Argentina. Incidentes de rutina, dentro y fuera de la cancha, dentro y fuera del estadio, en las calles, en los barrios, en las rutas. Es un fenómeno en franca expansión, que no distingue dimensiones sociales ni deportivas, aunque sí económicas: disputas de consecuencias más graves si el dinero en juego es mayor. Rehenes de este flagelo, somos quienes asistimos a espectáculos que en demasiadas ocasiones poco tienen que ver con la expectativa generada. Los partidos se suspenden; los jueces, los jugadores, los dirigentes y los periodistas son amenazados y condicionados. Los heridos y los muertos se suceden. Víctimas y responsables de un problema, enferma costumbre, al que cuesta tanto ignorarlo como abordarlo.

A partir de esto, se abren interrogantes sobre los que se han ensayado hasta el momento respuestas poco claras y efectivas.

¿Por qué? Esta creciente violencia en el ámbito del fútbol es el resultado de un largo proceso de degradación institucional, concretado en la aparición e influencia cada vez mayor de los grupos sociales organizados con intereses económicos y metodologías mafiosas llamados barras bravas, y por la conjunción de dos factores centrales: por un lado, la cuestión social y el problema de la exclusión; en segundo lugar, la dinámica de vinculación de aquellos con actores que intervienen en el fútbol, ya sea dirigentes, socios de los clubes, futbolistas y árbitros, empresarios, periodistas y políticos.

¿Qué fútbol queremos ver? La presidente de la Nación, en ocasión del acuerdo entre la AFA y el Estado por los derechos de televisación de los partidos, había afirmado: “el fútbol es un negocio extraordinario que no necesita ser subsidiado. Este contrato que firmamos hoy, obligará a una reorientación de la pauta oficial. Luego se financiará por la comercialización del producto”. Cuatro años después, el fútbol es un negocio extraordinario para todos los que intervienen, menos para el Estado, que subsidia sin control a clubes millonarios muy endeudados y a un gobierno que saca réditos propagandísticos y brinda un genuino apoyo al deporte muy limitado. Ingresos suculentos, disputados violentamente por quienes se arrogan derechos en su distribución. La corrupción salpica la pelota, mata al fútbol y a las personas.

¿Qué fútbol queremos dar? Nos preguntamos en realidad cuáles deben ser las prioridades del Estado a la hora de vincular el deporte con el ciudadano. No compartimos la idea de una política destinada a desplazarlo de un espacio protagónico para llevarlo hacia un rol pasivo, el de un mero espectador que en el marco de un evento deportivo sólo se conforma con ver pasar a lo lejos la pelota y los jugadores, y también la corrupción, los actos impunes, las muertes. Y por televisión: estadios que no brindan garantías de seguridad ni salubridad, y fomentan el negocio de la contratación de abonos de cable, antes, y de la propaganda de gobierno, ahora. En suma, la degradación de un fútbol que es orgullo afuera y cada vez menos adentro.

Creemos que el fútbol debe significar más que un entretenimiento: formar parte de una política deportiva para hacer del deporte un concreto vehículo de comunicación cultural, desarrollo personal e integración social. El ciudadano es el protagonista.

RAÍZ invita a quienes vivimos este deporte como una pasión pero creemos que su trascendencia es mayor aun, a repensar qué vemos, qué esperamos, qué proyectamos y qué podemos aportar para la construcción de un fútbol limpio y mejor.

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